viernes, 15 de marzo de 2013

Mi viaje a Burkina Faso y Benim

 LLEGADA A BAMAKO (MALI)


 
Iba a ser mi sexto viaje por la zona del Sahel  subsahariano. Mi amigo Sergio Regulez  me proponía una nueva incursión  por la zona del  África occidental. En su compañía había visitado  un par de veces  Mauritania donde por primera vez dormí en el desierto del Sahara,   mas  tarde el  inolvidable viaje por Mali  adentrándonos por el rio Níger hasta llegar a Tombuctú  habiendo visitado uno de los lugares más impresionantes de África como es el país Dogón. También habíamos pasado por Gambia y Senegal el año anterior, en el 2010, y ahora me decía de ir unos días a Mali para después adentrarnos en  Burkina Faso, Benín y Togo.

  Yo había estado dos meses por Centroamérica la primavera anterior con una mochila al hombro entrando por  México y saliendo por Panamá tras seis países recorridos y estaba un poco cansado, pero haciendo mío el axioma  de que “estaría una vida viajando si tuviera otra para estar en casa” me dije  “¡¡¡ a la puta calle ¡¡¡”. Así que un 18 de noviembre del 2011, dos días antes de las elecciones generales nos embarcábamos para Mali, donde empezaba la tournée. Salimos de Madrid e hicimos escala en Casablanca como ya habíamos hecho en otra ocasión. 

Nos acompañaba Tomas, que tras leer las crónicas de otros viajes nos había pedido ir  con nosotros en cuanto hubiera un hueco para él, era su oportunidad y no dudó en subirse al carro. Para ser su primer viaje a África no estaba mal el itinerario preparado por Sergio.


Peregrinos de regreso de la Meca
 Para llegar a Bamako en Mali casi es obligatorio pasar por Casablanca, en su aeropuerto  se dan todas las conexiones de los vuelos procedentes del norte de África  que van camino del África accidental y viceversa  por lo que hay un continuo trasiego de gentes.  Tuvimos suerte y las cinco horas de espera para enlazar con el vuelo a Bamako se llevaron más o menos bien ante el espectáculo colorista que nos brindaban  los musulmanes  que regresaban de  Arabia Saudí en la obligada visita que  deben hacer al menos  una vez en la vida a la ciudad santa de La Meca. Volvían a casa  y como venían de tan importante cita lucían sus mejores galas. Como digo  el  color de sus ropas y el olor de ellos mismos  nos entretuvieron  hasta el embarque para sus respectivos países.
Más tarde pudimos ver cómo en algunas aldeas los peregrinos que ahora volvían, vistiendo de un blanco impoluto, se dirigían a las mezquitas para hacer llegar a aquéllos que no pudieron ir a la Meca la sapiencia obtenida y  la gracia de la fe allí obtenida. Era su momento de gloria.

Llegamos a Bamako a eso de las dos de la mañana donde nos esperaba  Mamadou  quien  tan bien nos había guiado en el viaje por  Mali un par de años antes. Sería nuestro guía por Mali y Burkina Faso. Del aeropuerto al  hotel Tamama (ya lo conocíamos) donde llegamos a eso de las cuatro de  la mañana   y en una habitación de tres camas nos acostamos.  Sería uno de los pocos sitios en los que no dormiría con Tomas o Sergio  pero cada cosa a su debido momento.


MALI.-


Mamadou, nuestro guía, estaba nervioso, resulta que le habíamos contratado para que hiciera no solo de guía sino también de chofer para  lo que buscaría un coche con el que llevarnos de un lado para otro. El dueño del vehículo era  un maliense que  había sido  guía de una australiana  en  Mali,  anduvo listo y se  enganchó  a ella yéndose a Australia, el caso es que aun no le había firmado los papeles necesarios para poder sacar el coche del país y los estaba esperando vía internet.

Mamadou y su novia

     No era el Mamadou que conocíamos de antes, estaba retraído y taciturno y  tenía razones para ello por cuanto pensaba que su novia, que mas tarde conocimos,  se la estaba pegando con el  jefe  de ella, es decir no era el mejor momento para viajar. Sea como sea tenía tres días -el tiempo que estaríamos en Bamako-  para solucionar sus cosas.

Aprovechamos esos días para ver en  Bamako cosas que no habíamos visto en la anterior visita.  Lo más interesante fue el paseo que hicimos por el barrio donde se trabaja el hierro. Se paga una cantidad pequeña por pasar  al mismo y una vez dentro se pueden hacer fotografías sin problemas. El  pertinaz ruido de  miles de  martilleos  es constante Es un ejército de chiquillos y no tan chiquillos golpeando sin cesar sobre todo tipo de metales. Si hay algún sitio donde se recicla el metal es aquí , pero por las bravas, no es que se funda  y de nuevo se meta en moldes , es que de una tapadera de un bidón hacen tinos de hierro , cubos, figuritas de artesanía, palanganas para buscar oro como las de las películas… y todo a golpe de martillo. Habían pequeños hornos totalmente rudimentarios donde se forjaban rejas, picos, palas y cuanto os podáis imaginar necesario para un país pobre.

Supimos que los niños – de unos ocho o diez años-  ganaban unos 5.000 cefas (8 euros) al día y los hombres que mas ganaban llegaban a 30 euros siempre que no les faltara trabajo ,  eso si,  había que verlos trabajar a martillazo limpio durante 12 horas diarias. Sus cuerpos  semidesnudos y atléticos se   parecían a esos  modelos de los anuncios donde los hombres rezuman sensualidad anunciando la colonia de turno, solo que los de aquí no saben lo que es un gimnasio o  un fotoshop y desde luego el sudor es de verdad, no lo pone coca-cola.


Gastamos el resto de la mañana  visitando un mercado donde ya empezamos a ver los fetiches (cabezas de perro, de monos, culebras de todo tipo…) y donde  advertimos que lo de las fotos no les gusta demasiado –salvo que les pagues- , nada que no supiéramos.


 Era hora de comer.

Le Bistroc es un restaurante  clásico en Bamako  que se parece a un chiringuito de playa de los nuestros que, para donde estábamos, no está nada mal. Durante la comida nos bebimos  las primeras cervezas Flag  y Castel del viaje -serian cientos- y como el calor  en la calle era brutal  dejamos pasar las horas en el chiringuito  mientras un ayudante de Mamadou  –siempre hay uno a mano- fue a cambiar euros por cefas. Cómo no, aparecieron vendedores de todo tipo y aproveché que a Mamadou le gustaba mi reloj, llevaba tres,  para cambiarlo en un doble trueque con el vendedor por unos discos de música maliense.

Aun  tuvimos  tiempo para, por la tarde, acercarnos a la orilla del rio  y ver como se tintaban telas y suavizaban pieles de animal a golpe de porra sobre las mismas  a un  ritmo constante. Cogí una de ellas y me puse a seguir el ritmo suyo que aunque no era muy fuerte no pude seguirlo más allá de unos segundos. Pues ellos estaban horas. Te puedes imaginar cómo tenían los brazos.

Por  la noche fuimos a un par de sitios buscando música en vivo, uno de ellos era donde trabajaba la  novia de Mamadou pero ese día no cantaba nadie. La chica era una monada y  no me extrañó que  su jefe, que por allí andaba, le tirara los tejos. A Sergio tampoco,  de acuerdo con la mirada que cruzo  conmigo, fue  como si nos dijéramos  “en el viaje, a Mamadou le van a caer un par de cuernos”.
     Dimos con otro local con música en vivo, no estaba mal solo  que de cuando en cuando aparecía un cansino que se adueñaba  del micrófono y se dedicaba a glosar a alguna persona que hubiera en la sala  hablando de sus bondades – reales o inventadas- y que le servían para obtener una cerveza o algún dinerillo. El resultado es que la música desaparece un buen rato y la gente se aburre, pero es una costumbre muy extendida.

Cuando nos levantamos al día siguiente nos fuimos a Sebi, a unos 50 kilómetros de Bamako, es la excursión típica. Hay unos roquedales imponentes a los que subimos y desde donde se ve una planicie llena de karités, unos árboles específicos de la zona de la que sacan un montón de productos cosméticos que se compra uno por aquello de echar una mano y que luego está dando tumbos por tu casa hasta que decides tirarlos. Pues bien entre los roquedales y los karités se alza un promontorio donde los reyes mandingas hacían sus rituales. La vista es impresionante.


Con maiz a vender
     En un albergue de tantos que hay por allí, comimos el arroz sempiterno con carne guisada y una salsa estupenda, no sería la última vez que ponderáramos su sabor, estaba muy buena. Todo ello Incluidas las cervezas nos costó 2,5 euros por persona. Coincidimos comiendo  con  un grupo de ex-marines americanos (uno de ellos de origen español) que estaban allí cooperando con el gobierno de Mali. Es decir, una asociación de antiguos marines que avalados por los USA jugaban a la guerra con los soldaditos malienses y  digo yo, que recabando  información de todo tipo relativa al país.

Paseamos antes de cenar algo por el Hipodromme, la “zona noble” de la ciudad y acabamos tomándonos unas cervezas (siempre en plural) en “La Terrassa”  donde un capullo blanco pensó que  al hacer  fotos entre nosotros  le fotografiábamos a él  y montó un pollo para  amedrentarnos. Le mandamos a hacer puñetas sin más.    Fue la anécdota de la noche.

Madrugamos y a las  6,45  del lunes 21 ya sabíamos que Rajoy sería el nuevo presidente  en España.   Tras regatear con la cuenta, pagamos 112.000 cefas (172 euros) por las tres noches que pasamos. A las  9.15 salimos para Burkina Faso lo hacíamos con  retraso y es que  Mamadou  todavía andaba buscando los papeles del coche, que por supuesto no tenia aire acondicionado  (hay pocos que lo tengan)  y en el que pasaríamos muchas horas.    Ésta era una de las  etapas de tránsito  que siempre hay, había que pasar  por ella lo malo era  el   calor   sofocante, eran casi  40 los  grados cuando llegábamos  a Sikasso , aun en Mali,  tras 380 km  de carretera, comimos lo  de siempre: sardinas, plátanos, agua.

Mamadou desapareció en Sikasso  mientras nos tomamos unas cervezas, en busca de un ciber para obtener el papel autorizándole a sacar el coche del país, cuando vino nos dice que no quiere seguir hasta el día siguiente, que está cansado, por lo que le presionamos para seguir. Es evidente que no conduce largas distancias, él es un señorito dentro del mundo  del turismo, él es guía no chofer,  le decimos que descanse  un poco si quiere pero que hay que llegar a Bobo - ya en Burkina - y aun  quedan 168 km.
      Notamos  que éste no es el Mamadou que nos guió magníficamente por Mali un par de años antes, le falta alegría e ilusión por el viaje, trata de marcarnos el ritmo por lo que éste es un buen momento para decirle que quien paga el viaje y, por tanto manda, somos nosotros. Creo que  le deben pesar  los cuernos que teme le estén cayendo.

 Todavía quedaban  experiencias por vivir y es que a la salida de Mali,  Mamadou se encontró con un colega suyo del colegio por lo que los tramites fueron rápidos, demasiado según supimos luego y es que le debían haber sellado el papel de marras de autorización del coche en la salida.

Lo de los pasos fronterizos tiene su guasa.  Ahí va la explicación de cómo funcionan  más o menos todos, poniendo como ejemplo el de entrada en Burkina. Llegamos al puesto fronterizo que, hay que decir,  tiene un razonable buen  aspecto  aunque tampoco es para tirar voladores… nos meten en una habitación en la que hay cuatro guardias malamente  sentados. Alrededor de lo que hace de mesa se sienta uno de ellos con muchos pasaportes amontonados sin orden ni concierto…. sin ningún orden… literalmente amontonados como si los hubieran tirado sobre la mesa todos ellos de golpe. Son los de un autobús que está pasando el control. La llegada de blancos los echa para atrás y es que si hay blancos es muy probable que haya dinerito para la poli.

Uno de los policías tras examinar la documentación del coche  le dice a Mamadou, al que  echa una bronca aprovechando que hay blancos como testigos, que hay que volver a Sikasso (50 Km) a que le sellen el papel de autorización de salida del país del coche, ese trámite que su amigo le había ahorrado. Mamadou, manso como un corderillo,  aguanta el chorreo del gendarme  que le pedía 10.000 cefas por hacer la vista gorda con lo del papel, mientras los otros guardias miraban y remiraban nuestros pasaportes buscando por dónde meter mano a nuestros bolsillos. Al final  todo quedó en  3.000 cefas, a partir del momento del pago, todos contentos… todo resuelto… aquí no ha pasado nada… nadie tiene queja alguna de nadie… todos tan amigos y hasta la próxima.

Transporte "publico"
    Ni que decir tiene que no había luz eléctrica, todo lo antes dicho hubo que hacerlo con nuestros frontales cuando se fue la luz solar porque  ni los guardias tenían una mísera linterna, sin embargo, continuaban haciendo su trabajo, con mayor o menor éxito. Cuando nos fuimos el autobús  seguía aparcado y los pasaportes semicaidos por el suelo, allí los dejamos, allí estarán todavía.

 Desde Koloko a Bobo son 118  interminables kilómetros   y más  largos que se nos hicieron por cuanto aunque era prácticamente de noche, nuestro chofer se negaba a encender las luces y es que él era consciente de que no iban muy bien por eso trató de que pasáramos la noche en Sikasso. Llegó un momento en el que ya no tuvo más remedio que encenderlas y es que ya no se veía nada. La última media hora fuimos prácticamente a oscuras hasta que llegamos por fin a Bobo.


BURKINA FASO.-


Mamadou  estaba de morros por haberle hecho conducir de noche, según él no se debe viajar con turistas por la noche ¿?. Le explicamos que los que debíamos estar enfadados  éramos nosotros  por cuanto el coche que teníamos era una carraca y no tenía nada que ver con el que nos había prometido. El coche llegó malamente el hotel, se paró y no arrancó  hasta el día siguiente tras el paso por un taller.
Dijimos eso de “pelillos a la mar”  -no era cuestión de estar cabreados desde el principio del viaje-  y nos fuimos a cenar unas  pizzas, brochetas de carne y cervezas al  CENTRE D’ACCUEIL MISSIONNAIRE (CAM) en un jardin florido y recoleto, atendido por las monjas de la diócesis. Entre plato y plato cantaban algunas plegarias a las que acompañábamos como buenamente podíamos gracias a las letras de las canciones que nos habían  faciltado. Fué una bonita experiencia

A través del guía local (Antoine) que conocía Mamadou nos fuimos en taxi a buscar un local con música en vivo. Lo localizamos y no había nada de nada por lo que nos volvimos al hotel. Al llegar tuvimos un discusión porque nos quisieron  timar -y lo lograron-  en cuanto al precio de la carrera (3.000 cefas) , y ello con la colaboración entusiasta del citado guía quien, se supone, debería defender nuestros intereses. No llegó la sangre al río pero casi.


 .-BOBO

Dormimos en Bobo era lunes del 21 de noviembre en el hotel El Auberge,  en el centro por 20.000 cefas por una noche, tuvimos que pagar por adelantado. Como en casi toda esta parte de África  solo había una cama  de matrimonio, nos instalaron una colchoneta en el suelo donde durmió Sergio  y yo con  Tomas en la de matrimonio. Ocurriría muchas veces.

A la mañana siguiente, martes día 22,  mientras desayunábamos    en una pequeña terraza junto al hotel con Mamadou… apareció el Antoine de la noche anterior y se aproximó a nosotros como si nada hubiera ocurrido cuando la noche anterior casi salimos a tortazos con él y sus cómplices por lo del taxi.
     Se llevaron el coche a empujones por las calles a un taller. Antoine volvió  con un ayudante suyo llamado Moussa  y que sería nuestro guía en Bobo. Era  un  tipo simpático y espabilado como luego supimos,  sería nuestro guía por el centro  de Bobo.
      Pagamos el desayuno, obviamente  de todos, y tras pagar una pequeña  cantidad  accedimos  al  centro de la ciudad. Pudimos ver  desde  fuera la mezquita  de barro, de estilo sudanés  y hay que decir que  aunque hayas visto muchas, -en Mauritania y Mali las hay por cientos-   no dejas de asómbrate cada vez que ves una de ellas. Las hacen solo con barro y palos entrecruzándose para dar fuerza a la edificación. Ésta es blanca, alta, elegante y apetece sentarse a unos metros de ella y dejar pasar unos minutos antes de seguir con los planes el día.

La mezquita de Bobo
   Como los musulmanes son como son, supimos  que las mujeres sin casar  tienen vedado el acceso a la mezquita por ser consideradas potencialmente impuras al no saberse si están o no con la menstruación.  En el caso de las casadas ese problema no existe  por cuanto el marido lo sabe y las dejará  entrar o  no según  estén o  no con la menstruación.


Más adelante  vimos como en un chamizo  estaban preparando cerveza de mijo y aunque era temprano nos bebimos entre Sergio y yo un cuenco hecho de calabaza en el que  cabía medio litro mientras que nuestro guía  se metió dos cuencos él  solo. La cerveza no se parecía en nada a la nuestra, en realidad era un brebaje caliente y amargo que tal vez frio mereciera el nombre de cerveza pero caliente, recién salido del fuego…. Como buen animista que era Moussa antes de beber tiraba algo al suelo y así honrar a la madre naturaleza.


"Cerveza" a las ocho de la mañana
    La ciudad de Bobo integra pacíficamente a musulmanes, cristianos y animistas y no parecen llegar hasta allí los intentos de unos y otros de radicalización de posturas propias, un ejemplo a seguir.

 Paseando  dimos con un lugar en el que unos artesanos estaban haciendo   instrumentos musicales a la vez que se acercaban  algunos niños a los que dimos unos caramelos.
     Minutos después, entre que se había corrido la voz de que había blancos por la zona y que empezó a sonar a música quedo bloqueada la calle por los niños y  más de una abuela que se acercó a  golisnear (vocablo canario que significa más o menos curiosear).

Pero es muy difícil que los niños africanos  estén quietos si hay música sonando así que la calle se convirtió en  una pista de baile con veinte niños bailando  como solo los  africanos saben hacerlo, al final y como sabes que esperan algo de ti  bailas  con ellos tratando de imitarles y se parten de risa.
    Qué fácil es hacer sonreír a un niño en África y qué barato es, exactamente igual que en Europa para lo que necesitas siete Nintendos como poco. Después hicimos el acostumbrado paseo por el atiborrado mercado de gente  y de todo tipo de artículos, frutas, colores, olores…

Llegamos de vuelta al hotel con la idea de que el coche ya estaría reparado y reiniciaríamos el viaje… pero de eso nada… Antoine nos dice que estaba prácticamente terminado  “a falta de un fusible” nada más. La instalación de un fusible en África  lleva más de hora y media  tiempo que dedicamos a sentarnos de nuevo en la terraza, ver pasar gente y combatir el calor de cojones que hacía (del orden de 40º) tomando cervezas Sergio y yo y Tomas agua (las diferentes bebidas a tomar seria la pauta de todo el viaje).

Supe por la noche  (yo estaba en el baño cuando ocurrió todo)  que habíamos comprado una botella de güisqui que siempre llevamos para las tertulias  nocturnas  gracias a Moussa y que había costado unos  20.000 cefas (unos 30 euros).  Muy solícito se había prestado a ir solo por cuanto la tienda estaba lejos y hacía mucho calor. La sorpresa fue cuando  días después  comprando  otra supimos que el precio era de la mitad. Nuestro cordial, solícito y simpático Moussa nos metió un clavo de 10.000 cefas en un pis pas.

Comimos allí mismo dado que el fusible no terminaba de ponerse y cómo no,  Antoine, el mismo con el que la noche anterior casi nos pegamos se sentó a la mesa dando por hecho que comería gratis   –cosa que hizo- por el solo hecho de habernos conocido. Nada que decir, esto es un mar de pillos y hay que saberlo, yo en su lugar habría hecho lo mismo.

A la tercera o cuarta o quinta fue la vencida y el fusible se puso, así que  carretera y manta hacia Banfora a pesar del calor reinante. Desde Bobo  hasta Banfora  son  85 km por una de las pocas carreteras asfaltadas del país, en  apenas una hora  llegamos.


.-BANFORA


 Banfora tiene  50.000 habitantes y  es la quinta ciudad más grande del país y es fea la mires por donde la mires. Como  hay que poner algo a visitar en las guias han puesto el Lago Tangrela  a 10 km de Banfora, en la pista que conduce a Sindou que si bien es un sitio agradable  no compensa ni de coña llegar hasta  allí.  Me explico, no es que aquello no tenga su interés, pero si vas a ir a Burkina no gastes tiempo  en ir a Banfora, puedes pasar de largo que no te pierdes nada que no puedas ver en otros sitios del país y más si como nosotros nos dirigiríamos hacia Gaoua  ver unas comunidades muy peculiares por una carretera de tierra en la que nos chupamos más de seis horas para hacer apenas 150 km. Pero eso lo supimos más tarde. Si  piensas ir a Burkina  pasa de Banfora


La suite de Tangrela
Dormimos en el lago Tangrela rodeados de mosquitos, dada la proximidad del lago, en un albergue por nombre “Campamento Le Rencard” compuesto por las  típicas cabañas redondas con el capirote de paja. La tarde la entretuvimos visitando un poblado cercano viendo trabajar a las mujeres aventando cacahuetes  que luego venderían en los mercados.  Por la noche (no hay luz eléctrica y por tanto son largas) nos encargamos de dar un meneo a la que tan cara nos había salido,  botella de güisqui.

Empezaba el viaje por Burkina, como si todo lo anterior fuera necesario para llegar hasta allí, te acuestas por la noche con un par de chupitos en tu habitación -suite circular de barro y con su capirote de paja-  y cuando te levantas dices, hola África aquí estoy yo y vengo a hablar contigo y conocerte un poco más.

Después de desayunar nos pusimos en la carretera en la que sería otra etapa larga de coche, nos pasamos por una  composiciones rocosas a una hora  de camino de Banfora llamadas Domes de Febedougou, no son sino unas erosiones caprichosas  del terreno y que si te pillan de paso no están de más verlas, pero de ninguna manera merece la pena gastar un día yendo a Banfora para luego verlas. El caso es que sale en todas las guias, pero por la sencilla razón de que  hay que poner  algo  de la zona, Burkina tiene  cien cosas más interesantes que las mencionadas.

Nos lanzamos a la carretera camino de Gaoua a unos 200 km por  una pista de tierra  por la que circulan todo tipo de vehículos llena de baches por llamarlos de alguna manera, algunos había que vadearlos, más que baches eran huecos. La velocidad, a fin de evitarlos, tenía que ser necesariamente baja y la marcha  lenta.
       Recuerdo que empecé a criticar la planificación del viaje al no tener en cuenta la realidad de las pistas africanas y la media de velocidad que se puede sacar. Tengo que reconocer  que es muy fácil criticar lo que a otros les ha llevado horas y horas delante de internet y con varias guía delante con el fin de hacer un recorrido razonable.

De todos modos las horas pasan fáciles, levantas la vista y ves la sabana africana, sus pequeños cultivos, infinidad de niños, animales cargados, mujeres con leña en la cabeza, con niño a la espalda, con sueños por realizar y sientes  cómo está todo por hacer, como si la sociedad estuviera empezando,  en sus orígenes. La carretera infinita de mil tonos de ocres te va adormilando y entre ensoñaciones van pasando las horas con el traqueteo del camino. Seis horas nos llevó hacer las 200 km que nos introducía en Gaoua en cuyos alrededores se encuentra el país Lobi, una de las razones de nuestro viaje.

.-GAOUA



Y es que el país Lobi enclavado en los alrededores de Gaoua sigue defendiendo  con feroz arraigo sus costumbres  y tienen  al animismo como unica religión a la que defienden   de una manera contundente. Toda Burkina a pesar del acoso de las nuevas religiones - la católica entre ellas – sigue respirando animismo por los cuatro costados. Pues bien, es aquí en el  país Lobi donde más y mejor  se respira el animismo y más fuerza tiene, es aquí en el  país Lobi  donde se encuentran los hechiceros más reputados  y a los que acuden gentes de todo el país a expresar sus peticiones y realizar sus rituales. Solo por ver esto por sentir todo esto merece la pena ir a Burkina.

Graneros de los Lobi

 Otra razón para pasar por aquí es que al ser una etnia desconfiada y belicosa - el tiempo todo lo aplaca -  viven en una especie de casa fortaleza (de barro) llamadas sukala  realmente curiosas, son como castillos que construyen los niños europeos  como juguetes, solo que aquí son de barro y al igual que aquellos dan la sensación de que si las soplas se caerán. Pero no es así  son resistentes. Son de barro apelmazado de gruesos muros y con unas puertas muy pequeñas por lo que si el enemigo quisiera entrar  sería un blanco sencillo al que atacar.

Cada casa constituye un núcleo, no forman pueblo compacto sino que están separadas  unas de otras constituyendo de esta manera la sensación de “cada uno en su casa y Dios en la de todos” y es que son desconfiados por naturaleza. Al caer la noche  se cierran con espinos cada uno de los núcleos constituyendo un enjambre  de pequeños grupos de casas-fortaleza con las misas características.
      Y es que al parecer no son extrañas las rencillas entre componentes de distintas sukalas.

La fortaleza que constituye el “complejo residencial” se va llenando de compartimentos a medida que van llegando más mujeres (son animistas tienen varias y no se paran a pensar en esas menudencias de si una mujer o tres) o los hijos se van haciendo mayores.

Pero si hay algo interesante en las casas que vimos el día que estuvimos allí es la fe que le tienen a los fetiches, como son profundamente animistas, en cada esquina de la fortaleza hay un fetiche que esta previamente bendecido por el fetichero o sacerdote mayor  y que logra que los malos espíritus ni se asomen por allí.


Los fetiches del patio-cementerio
  Pudimos pasar por casa del fetichero mas importante de la zona, íbamos  casi reverenciando la situación por puro respeto a sus tradiciones.  Había un montículo que constituía el lugar más sagrado de la zona, sobre  él habían  muchas figuras mal hechas de madero o de barro, para nosotros  no serian sino simples monigotes o muñecos  pero para ellos constituían la más completa seguridad.
Ellos  se sentían  gracias a las figuras,  amparados ante todas las desdichas que les pudieran caer. Ese montículo, en el  patio de la sukala, constituía el panteón familiar, allí  se enterraban a los fallecidos  de la familia, y sobre él se apilaban no solo las figuras sino también  aperos de labranza, de cocina, es decir  algunos de los utensilios utilizados por los allí enterrados y de ese  modo facilitar el vinculo entre vivos y muertos, siempre por mediación del fetichero. El cura del lugar. No, definitivamente aquél no era un patio particular.

Siguiendo con sus costumbres, decir que los  Lobi  tienen una fe absoluta en estos fetiches los cuales defienden su casa y su familia, además estos fetiches se comunican entre ellos hasta llegar al fetichero que siente su mensaje y actúa en consecuencia.

Lo más  normal es reírse, pero nosotros nos hemos acostumbrado a  ver  como en las iglesias se pide a los santos prometiéndose que en caso de cumplirse lo solicitado agradecerlo con misas, flores  velas etc.  Tampoco es extraño ver todavía  una imagen  religiosa que va de casa en casa durante una época del año para protegerla del maligno o algo así.

Fue muy  interesante, pasados los primeros momentos llegó la distensión que siempre provocan los niños y los globos que les llevamos y  todo el mundo quería verse en las fotos  que hacíamos  que para ellos era pura brujería. Estuvimos en el santuario mayor al que accedimos descalzos, vimos un  montón de fetiches traídos de todo el país Lobi  lo que confería al lugar un halo de santidad importante.


Los fetiches mas importantes


 Estábamos en el Vaticano de la iglesia animista de Burkina, sus imagenes estaban tiradas sin mas en una especie de almacén al que       solo pudimos acceder descaldos.  Es en las ceremonias celebradas por los sacerdotes animistas cuando estos monigotes dejan de serlo para convertirse en el nexo para conectar con sus ancestros y con el mas allá.  Tengo la sensación de que estas gentes creen más en sus dioses que la mayoría de nosotros en los nuestros.

Volvimos a Gaoua pero hicimos un tramo del camino de unos cinco km caminando,  atravesamos  un par de poblados mas –cada uno con entre cinco y seis familias-  con sus fetiches, con  sus cabras rodeadas de un sinfín de niños cuidándolas a la vez que pasan el día –la escuela no existe- descubrimos a unas cuantas adolescentes que venían de lavar algo en del riachuelo que por allí pasaba y que al ver a blancos no  pudieron evitar atusarse el pelo.

Volvimos  al hotel Hala.

El día siguiente tampoco estuvo mal  vimos un par de poblados mas, uno de ellos el de la familia del guía local, allí estuvimos un buen rato viendo las casas, como no, de barro  compactado con habitaciones muy pequeñas en las que se agolpaban un sinfín de niños locos con los globos que les llevábamos. Cosa curiosa fue ver  cómo  el guía no nos dejo que le diéramos los globos nosotros a los niños sino que era el patriarca familiar quien recibía los regalos y el los repartía como creía conveniente. En estos sitios  el patriarca de la familia tiene el control exhaustivo de todo cuanto pasa por la casa y no dejó la oportunidad de demostrarlo ante el  público excepcional que constituíamos tres blancos.


.-TIEBELE

A las seis de la mañana arriba y media hora después ya estábamos en carretera camino de la capital de la nacion a la que todo el mundo recorta el nombre y acaba llamándola Ouaga, enseguida comprendimos que era  imposible llegar a una hora prudente y que si además pasábamos cerca de Tiebele no podíamos pasar de largo y es que esta ciudad sale en todas las guias muy bien ponderada.

Un patio de Tiebele


Acertamos  parando, un guía local  se nos acercó  cuando llegamos al albergue y nos llevo a ver la ampulosamente  llamada Corte Real de Tiebele, es decir la zona antigua de la ciudad en la que solo pueden vivir los descendientes de los reyes antiguos, hubo que pagar para entrar y ya dentro vimos a familias como en todos los lados: los hombres sentados en las puertas de las casas que constituían aquí y allá pequeñas plazoletas y las mujeres trabajando en todo tipo de tareas, el pan, la leña , la comida…

La curiosidad de las casas es que están pintadas con mosaicos todas ellas y logran que las fotos sean distintas y bonitas. Al igual que en el país Lobi, las casas tienen la entrada  muy angosta a fin de entorpecer el acceso a los posibles enemigos. También nos contaron  las razones de los dibujos de cada casa y lo que implicaba a cada familia, pero ya sabes que las explicaciones de los guias se  olvidan con la llegada del siguiente monumento o ciudad y esta vez no tomé notas. Lo siento. 

Antes de irnos a dormir nos esperaba una experiencia brutal como fue ver un campamento de mineros de oro.

Llegamos tarde, apenas quedaba media hora de luz, el guía nos dijo que allí se agolpaban unas mil personas, pero se veía desde el primer momento que allí había mucha más gente. Había una calle central de tierra a la que más o menos se respetaba, pero  en  la cuadricula de callejuelas que se habría a tus ojos hasta el infinito  veías cómo  multitud  de pequeñas haciendas funcionaban. Cuatro o cinco hombres echaban tierra  por grandes areles que se mezclaba con agua y se iba colando una y otra vez  esperando  ver alguna mota que brillara más de lo normal y que hubiera suerte y fuera oro. La tierra era la que les correspondía  de acuerdo con la parcela alquilada y  el agua, que se gastaba mucha, había que traerla desde muy lejos.


Un minero cualquiera

Ni que decir que todos estaban harapientamente vestidos, sin camiseta la  mayoría de ellos y con más mierda que el palo de un gallinero viejo, no era el tipo de suciedad que sale con una ducha, la mierda que aquella gente tenía encima había nacido con ellos, eran los parias del país que se lanzaban tras un sueño engañoso. Minas como esas, luego supimos,  había por todo el país y por la  vecina Ghana  y Costa de Marfil. Hacia allí se dirigían ingentes masas de hombres en pos de un sueño  imposible. Y lo era  porque lo que aquellas gentes lograban en el mejor de los casos era un pequeño jornal al cabo de  16 horas trabajando como animales.

Más tarde   supimos cómo funcionaba el tinglado: alguien con peso especifico en el país y cercano al poder obtenía la concesión minera de un terreno que pudiera tener oro aunque estaba por ver, mas tarde  hacia correr la voz  de que allí había mucho oro e incluso dejaba caer algo del ansiado metal que unos pobres incautos  obtenían  y que hacían de voceros de lo encontrado lo que suponía que en apenas unos meses se concentraran miles de hombres que repartían con el dueño de la concesión las ganancias.

Aledaños mineros
Es verdad que en aquella zona hay oro, pero en cantidades ínfimas y la parte del león por supuesto no era para ellos  lo que si era para ellos  era el sufrimiento   y el hambre y el vivir en unas condiciones inhumanas, era el dormir sobre los montículos de tierra que habían arrancado casi con las manos y en de la que esperaban conseguir al día siguiente  la pepita que les sacara de su asquerosa vida.
     En el camino  no solo se dejaban  vida, también dejaban a  su familia  la cual  se quedaba sola en las aldeas como mas tarde pudimos comprobar y es que vimos  pueblos en los que solo habían niños, ancianos y mujeres.

La imagen es terrible, no se parece a las películas de buscadores de oro del oeste, aquí es de verdad y la miseria es real no es de cartón piedra, no es decorado. Apenas  teníamos tiempo y alguno de nosotros se empezaba a poner nervioso ante  tantos ojos puestos sobre  tres blancos de  los  que algunos pensaban eran  compradores. Nos fuimos un poco apresurados, pero allí había pobreza, pobreza con mayúsculas y esperanza, esperanza en que el próximo grano de oro lo encontraran ellos.
     Conocimos a uno de los pseudo triunfadores, estaba en nuestro campamento, cuando llegó por la tarde le esperaba una prostituta a la que habíamos visto dar vueltas por allí pegada a un teléfono todo el día. Ese era su efímero premio.


  .-OUAGADOUGOU


A las  8 de la mañana estábamos en el coche camino de la capital tras otros casi 200 km llegamos a la capital e el camino paramos en  Manga donde vive una enfermera a la que  Sergio conoció en Bolivia y que ejerce su labor humanitaria e esta ciudad, tratan de que los niños se alimenten un poco mejor y para ello reparten ciertos productos en las escuelas, gastan sus vacaciones ella y sus compañeros que se rotan a fin de que siempre haya un europeo allí (es fundamental).

En Ouaga nos hospedamos donde ella nos dijo en el Albergue de les Lauries, teníamos mucha hambre así que nos fuimos al local mas recomendado en todas las guias y en verdad que lo merece, escucharíamos música en vivo cada día, comeríamos y cenaríamos varias veces pero antes que todo eso decir que tuvimos una  entrada triunfal  en el local y es que nos encontramos con  una boda que abarrotaba el local.  La amabilidad fue exquisita por cuanto la dueña del local  nos invitó a sentarnos en un rincón y participar de la comida y encima gratis.

No tenia desperdicio la boda. Ellas, normalmente  emperifolladas, se habían puesto para la ocasión lo mejor del armario y yo creo que se habían puesto todo lo que tenían por cuanto llevaban montón de prendas encima y para rematar unos sombreros que ríete tú de los de Ascot, era todo un espectáculo. La paleta de colores de sus caras no era menor  que la del arco iris, los colores se distribuían sin ningún rubor por mejillas, ojos y labios sin orden ni control. Todo un espectáculo.

Un aparcamiento de tantos
La ciudad nos servía de paso, no era un objetivo en sí misma, pero era como todas las ciudades africanas con cierto tamaño, un caos organizado. Las aceras para caminar  no existen,  están tomadas por cualquier mercancía imaginable traída de China, si, si  de China, como en cualquier parte del mundo todo lo vendido que no sea natural, que sea manufacturado es de China, exactamente igual que un “todo a cien” pero a lo bestia. Si te dabas la vuelta y mirabas a la calzada veías motos, muchas motos,  millares  de negros tizones con dientes blancos  sobre motos, si no fuera por el color de los vehículos y los aledaños parecería una película en blanco y negro.
      Si te cansabas de tanto bullicio  huías al oasis que era L´Amitie, nombre del local  de la boda  del día anterior y escuchabas la música que siempre sonaba con una cerveza en la mano, no era mal plan.

 Al día siguiente nos íbamos a unos mercados a tomar por culo de donde estábamos, Sergio, jefe de la expedición, quería visitarlos y estaban cerca de las fronteras de Níger y Mali   a mas de 600 km por las carreteras ya explicadas, alucina.


.-MERCADOS


Muy temprano salimos confiados en gastar un día en llegar a Oursi, como digo en la frontera casi de Mali y Níger.
Nos equivocamos, nuestro guía seguía pensando en su novia y los cuernos que le estaban cayendo  encima  y cada vez estaba más pasota.  Su falta de preocupación por la ruta a seguir y el hecho de no haber previsto el repostaje   nos supuso  tres horas de retraso y cabreo por cuanto nos perdimos y tuvimos que esperar un buen rato para echar gasolina cuando el día anterior se había estado tocando los huevos.  Podía haber hecho las dos cosas, echar gasolina y preguntar por la ruta.

   Llegamos  tarde  a nuestro primer mercado, justo cuando se estaba marchando la gente  por lo que no pudimos ver  lo previsto, es decir,  un mercado con personas  de distintas etnias  con sus vistosas ropas ( hay gentes venidas de Níger y Mali que están al lado ). Era el más interesante de los que íbamos a visitar  y es que  al parecer se cambian no solo mercancías sino que también se amañan bodas de hijas, de viudas y  para la ocasión se visten con sus mejores galas, vendiendo la mercancía que eran ellas mismas.

Sólo llegamos a ver desde la duna de arena, en la que luego dormiríamos, cómo se marchaban  por los cuatro costados. Vimos  irse caravanas de camellos, de cabras, de burros hacia sus lugares de origen, pero el mercado en sí mismo no lo vimos. Supimos allí que habían sido secuestrados varios europeos en Mali, nosotros estábamos a 50 km del lugar con un desierto y una frontera por medio.

No nos mereció la pena la paliza del viaje, pero de no habernos perdido, habríamos visto uno de los mejores momentos que Burkina puede ofrecer. Se nos compensó de alguna manera con la noche que pasamos durmiendo en las dunas aunque con mas frio del que hubiéramos querido.

Pasando las horas
A la mañana siguiente, salimos pitando para el otro mercado, la idea original desde España era ver tres , pero aún no habíamos  visto sino los rescoldos de uno, así que nos fuimos a Markoy donde llegamos con tiempo de mas y pudimos ver como llegaban montón de gente con bultos en la cabeza que luego esparcirían  por el suelo de un modo caótico en un mercado sinfín, pero lo mas interesante no era eso, lo interesante estaba en la venta de ganado de lo que se ocupaban los hombres y por donde las mujeres ni se rozaban y si, allí pudimos ver algo de lo que nos perdimos el día anterior, vimos unas caras marcadas por arrugas imposibles de una negritud  rayando el carbón de la que salían unos dientes realmente blancos. Son altos y caminan estirados luciendo orgullo y mirando de frente, como diciendo aquí estoy yo, que quieres?


No sé si se mereció la pena llegar hasta allí con los 1200 km que íbamos a hacer entre ida y vuelta para ver  aquellos mercados, lo que si es verdad es que en ellos se juntan distintas etnias  de los países limítrofes  y que es prácticamente imposible verlos juntos en ningún otro lugar del mundo. Para ellos no hay fronteras  van  a cada mercado que conocen sin pensar a que país pertenece el suelo que pisan y muchos de ellos no saben si son burkineses , malienses  o nigerianos, sólo esperan poder vender sus mercancías y con suerte casar a una hija o encontrar una nueva mujer que para eso son musulmanes.


Nos fuimos a dormir a Dori, había wifi así que estuvimos toda la tarde después de darnos un duchazo de media hora, enganchados al teléfono enterándonos de lo que pasaba por el mundo y del secuestro de los franceses.
Hay que decir que resulta chocante que faltando infinidad de bienes básicos , como agua, luz cada dos por tres, un mínimo de carreteras, escuelas,  hospitales y un sinfín de cosas, los teléfonos móviles e internet se desarrollan sin problemas y es que   la infraestructura necesaria es mínima, apenas unas torretas que se comunican con el espacio  y ya tenemos internet, esta necesidad  se ha ido haciendo hueco y cuanto más pobre  sea el país casi seguro que mas teléfonos tienen y los enseñan como signo de status social.  Así somos.


Mezquita mayor

Estaba acabando nuestra etapa en Burkina, aun nos quedaba volver a Ouaga y encaminarnos a la frontera con Benín, en Bani paramos a visitar el pueblo  y es que pasa por ser uno de los mas santones en cuanto al islam se refiere. No recuerdo que día de la semana era pero vimos a un montón de hombres vestidos completamente de blanco, eran los hombres que acababan de llegar de La Meca y se dirigían a la mezquita a rezar y explicar a sus conciudadanos la experiencia, ese día eran los protagonistas  por la gracia de Alá. Nosotros tuvimos un caudillo por la gracia de Dios.


Mezquita mayor

Bani tiene un paseo aunque a  su mezquita mayor - a la que miran el resto de mezquitas contraviniendo el deber de que todas ellas miren a la Meca- se le había caído una parte del tejado con una tormenta de viento, llevaba así varios años y tenía toda la pinta de que tardaría en arreglarse.
Sus nueve mezquitas de estilo sudanés, es decir,  predominantemente  de barro  y sus callejuelas sudorosas  llenas de niños, hacen que una parada sea imprescindible si vas por aquella zona. Nosotros llevábamos tres días sin ver a un blanco.

Al coche y a Ouaga, unas copitas en el local de la boda, hasta las tantas hablando con otros guias que se nos ofrecían para Benín y, a  la cama.

Era  temprano y ya estábamos en la carretera, había momentos en los que  parecía que  vivíamos en la carretera, que estábamos atrapados en la misma, en un laberinto sin salida y eso que solo habían tres o cuatro carreteras , fuera como fuera, había que llegar a Fada y luego  a Porga ya en la frontera. Eran 400 los km que nos separaban de  Burkina y por mucho que nos quejáramos había que hacerlos y punto.

Después de miles de horas en el coche, llegamos a la frontera donde nos esperaba un guía por nombre Oumar Farouk que se portaría fantásticamente, como Mamadou en el viaje por Mali, este Mamadou era otro. Me alegré de dejarlo atrás. Por supuesto trató hasta el último de regatearnos mas dinero con cientos  de excusas pero estábamos hasta el gorro de él y su indolencia a lo largo del viaje                      


BENIN.-


Oumar
Llevábamos 14 días de viaje cuando pasábamos a Benín. El paso fronterizo no es fácil, hay una tierra de nadie de 25 km que no permitía hacer un cambio de maletas de coche a coche por lo que hubo que pagar con tiempo y dinero aquella locura de frontera  para que nuestro  nuevo guía pasara   a Burkina y eso que era solo para recogernos.
     Mientras esperábamos a nuestro guía un gendarme aseguró que yo estaba haciendo fotos al puesto fronterizo, ya sabes, alta tecnología y secreto militar, no me jodas, como si no supiera yo dónde precisamente no se pueden hacer fotos, pues bien, el gendarme se creció y se puso a dar voces llamando poco menos que  a la guerra santa , menos mal que había uno con mejor criterio que cogió el teléfono y pudo ver cómo no había ni una sola foto del chamizo  que constituía el paso fronterizo. El mismo policía vociferante nos pidió más tarde, cuando estábamos despidiendo a Mamadou,  parte de unas medicinas  que le estábamos  regalando.

Oumar nos contó cómo no le dejaban pasar a Beni por cuanto el coche no estaba a su nombre y solo lo hicieron  cuando dijo que iba a recoger a tres blancos. De frontera a frontera,  se telefonearon y le dejaron pasar  previo pago de la mordida correspondiente. Minutos mas tarde,  de pasada,  nos señaló al guardia corrupto que nos sonrió como diciendo “adiós pringaos”. ¡¡País¡¡

Nos adentrábamos en Benín con nuevo guía, esta vez con chofer, y nuevo  coche.  Presentíamos  una mejora sustancial en el viaje y es que el talante de Oumar nos gustó desde el primer momento. Dormimos en Tanguiéta  en unas estupendas cabañas  redondas, de paja con baño propio y la consabida ducha africana.  Todo un lujo. Allí con unas cervezas en la mesa, nos explicó el plan de viaje de acuerdo con las indicaciones que Sergio le había dado por internet. Cenamos como señores un buen bistec mientras hablábamos con el guardián y bajábamos el nivel de la botella de güisqui.  A dormir.

PAIS SOMBA

Nuestro objetivo en Benín era ver algunas de las tribus que todavía viven aisladas, a su aire, algunas de ellas en la frontera con Togo.  Estas gentes tienen un sentido de pertenencia a su etnia muy fuerte  y solo se alejan por necesidad, como cuando  van  a buscarse la vida en las minas antes mencionadas.
Vuelven  en cuanto pueden y al menos una vez al año a  la recolección en la que tienen que ayudar a sus padres, vuelven  además por el profundo arraigo a su tierra, a sus antepasados, a sus orígenes, es como   en “Lo que el viento se llevó“  cuando Vivien Leig  entiende que toda su fuerza , toda su vida está en Tara la finca familiar  en la que ha vivido toda su vida. De modo que cada año rehacen sus casuchas casi siempre situadas a no mas de veinte metros de donde descansan sus ascendientes.

Pero eso sería pasados unos días, antes nos bañaríamos en unas estupendas cascadas  llamadas Tanougou  mientras unos niños se tiraban desde lo alto buscando unas monedas y Tomas compraba una pintura grande poco manejable que estaría dando el coñazo por el coche el resto del viaje.
Había que seguir  y en Natitingou  nos desviamos hasta la frontera con Togo. Desde un promontorio y con un calor de justicia nos comimos nuestras consabidas latas de sardinas y unas cervezas ya recalentadas. Hacia tanto calor que nos permitimos echarnos una siesta en el suelo a la sombra de una árbol.

Repuestos del calor nos íbamos camino del país Somba

Sergio y su "novia"
Quedaba mucho para irnos a dormir y aquel iba a ser un día largo. Pasamos por un mercado autentico donde se vendían unos a otros las pocas cosas que habían podido juntar.  Veías un puesto que ofrecía cuatro tomates a la venta, en otro algo parecido a patatas, en otro cuatro verduras.

Todo mísero. No era un mercado grande al uso en el que hay cierto orden  de gentes comprando y vendiendo, aquél era otra cosa, era como cuando se acaba el mercado y quedan cuatro pelagatos por allí entre desperdicios. Estos mercados son, mas bien lugares de  encuentro.  Se hacen uno a la semana en cada poblado  y  las mujeres recorren con cestos en la cabeza los ocho o diez km  que los separan. Se ven pocos hombres por allí, solo niños y ancianos,   los hombres están en las minas partiéndose el espinazo.

Otro Hotel
 Lo  interesante del mercado fue el pseudo bar que hay en cada uno de  ellos. Allí se  juntan  a hablar sus cosas, pero claro si van tres blancos y les invitan a cuantas cervezas quieran y les prometen matrimonio la risa está asegurada, alguna incluso pensó que podía ser verdad y nos persiguió mas de lo  deseado. La cerveza gratis siempre es un reclamo aquí y en África, a la vuelta de media hora teníamos a todo el mercado alrededor pidiendo su cerveza.

 Nos  levantamos  huyendo un poco del revoloteo que implicábamos y fuimos  a ver un fetichero que  vivía en una de las casas del poblado, le que planteamos  el intercambio de mujeres blancas por unas negras que nos llevaríamos a Europa para lo que nos dio su dirección y así, una vez en  Francia ( para él todos los blancos son  franceses)  retomáramos el negocio.
Escarificaciones
De vuelta al mercado el mismo jaleo, mas cerveza, mas noviazgo y es que tal vez pensaron que volvíamos allí por ellas. Una vez mas hay que aclarar que la cerveza nada tiene que ver con la nuestra, aquello era un brebaje  amargo y caliente sacado de una olla al fuego que teníamos delante  y ante la que no nos preguntábamos  si tenía los pertinentes sellos de sanidad.  
Fue  en este mercado donde vimos las primeras escarificaciones, como ves en las fotos, son cortes que se hacen en la cara para atestiguar  de qué familia son, y que rango poseen, se hacen en enero y febrero y duran dos días, no todo el mundo las tenía y es que al parecer no todo el mundo se las hace.

Del mercado fuimos a ver la casa donde luego dormiríamos y tras las sardinas nuestras de cada día nos fuimos al baile.

¡¡¡ Que te parece, al baile ¡¡¡

 Y es que a pocos km. de allí había otro pequeño pueblo en la que esa noche habría baile.  El baile consistía en una pequeña nave en la que se  bailaba al ritmo de la música que salía de un equipo alimentado por un motor. La gente, esencialmente  mujeres,  bailaba  sin parar, había algunas que lo hacían  con el niño a la espalda. Nos sentamos y un sinfín de niños se acercaban a tocarnos y reírse de nuestra piel y de la barba, la mayoría no había visto nunca a un blanco.
 De  pronto la música calló y echaron a todo el mundo menos a nosotros, a partir de ese momento se cobraría por entrar. Un mengano que había grabado un disco y que pretendía vendérnoslo seiscientas veces (yo ya le había comprado uno) iba a actuar  en playback  y entre eso y que había blancos pensaron que era negocio cobrar. No fue así porque aquello perdió intensidad y no volvió a ser lo que había sido. Dado que no había mas  cerveza  fría fuimos a por nuestro güisqui y entre Sergio y yo dimos cuenta de lo que quedaba, por supuesto acabamos bailando tratando de seguir sus ritmos y coreografía, éramos el espectáculo para los que habían pagado.
Ni que decir que  se nos pegaron montón de cansinos a la sombra del dólar con patas que somos los blancos para ellos, la primera, la vendedora de cerveza del mercado  de por la mañana  y que nada más vernos se pidió una  cerveza a nuestra cuenta. Con el paso del tiempo se fueron tomando confianza y  se fue  acercando mas gente –el  noventa por ciento eran mujeres-  haciéndose pasar por amigos nuestros a fin de que no las echaran, lo lograron.

Tata Somba típica

Tata Somba
Desde allí nos fuimos a dormir a una casa Tata, trataré de contar algo sobre el país Somba y sus características casas.
Fueron los franceses los que llamaron por primera  vez  Somba a los habitantes de la zona cuando llegaron  por estos lares.  Como digo lo mas característico de la zona  son las casas en las que habitan llamadas Tata. Los Somba siguen viviendo en construcciones curiosas, parecen pequeños castillos de la edad media, estas edificaciones tienen una dimensión social, económica y defensiva. Cada casa constituye una entidad económica autónoma con su parcela de tierra alrededor, abonada con los excrementos de animales, son semilleros de todo cuanto se aportará mas tarde a los campos comunales.

 Dentro de lo que hace de muro, está la casa propiamente dicha,  en la parte de abajo duermen los animales domésticos, ya sean cabras, gatos…la cocina y un sinfín de cacharros de cocina que determina el rol de la mujer en la familia: a mas cacharros mas importancia.
En la azotea junto al granero
 Casi no se podía ver  del denso humo que había en la cocina  al no haber ventana alguna, (sería para que no entraran los espíritus malignos), cuando llegamos arriba, apenas unos segundos, los ojos nos lloraban. La parte de arriba era el techo de la cocina y ahí  estaban las habitaciones, que no eran sino habitáculos redondos de barro, paja y bostas secas de los animales con un caperuzo de paja como gorro, todo ello en un diámetro de dos metros. Junto a las habitaciones estaban los graneros, iguales a las habitaciones  solo que su abertura era por arriba y con el tejado mas pequeño. Ahí dormiríamos, preferimos tener por  techo a las estrellas  que al caperuzo de paja y bostas de ganado.
Tuvimos ocasión de ver   entre el humo  de la cocina a una viejecita que ,nos dijeron, llevaba días sin salir de allí y es que era la habitación más caliente del complejo.
 Copio de una guía a modo de información que las entradas siempre están orientadas hacia el oeste porque los malos espíritus siempre vienen acompañados de los vientos  y éstos predominan del éste. Cómo no, en cada casa hay colgando unos cuantos fetiches que liberan a cada miembro de la casa del maligno.

Fue muy e interesante el día que acababa y para rematar dormir en tejado de una autentica  Tata Somba  con las estrellas por techo.
Dormimos una noche allí sobre el suelo y entre  las habitaciones, en el tejado, al aire libre. No hacia frio y las estrellas no eran mala compañía como tampoco lo eran los ruidos de los animales que por allí pululaban.

Era inevitable recordar las casas y los poblados que habíamos visto en Burkina y evidentemente se parecen por cuanto todas están hechas de barro y paja pero aun así cada una de las etnias tienen su particularidad, los espacios entre casa y casa son mas angostos, están menos alineadas… siempre hay diferencias incluso para un blanco ignorante como éramos nosotros.


.-MONTES TANEKA


Con la Nintendo

Al día siguiente nos esperaban nuevas emociones íbamos a dormir  en un poblado de los montes Taneka pero antes paramos en Natitingou  a cambiar dinero,  llenar la despensa  y reponer el laterío, galletas, leche,   pan, agua mineral y unas cuantas cosas más que nos servirían para los días siguientes. Oumar, nuestro guía,  lo estaba haciendo fácil y bien.  No sé donde comimos y es que si había algún sitio en la carretera o bien un bochinche a modo de  restaurante lo utilizábamos y más si habían cervezas frías  que dicho sea de paso  eran casi más baratas que el agua mineral.

A primera hora de la tarde fuimos a una escuela camino del  poblado donde dormiríamos, hicimos fotos a los escarificados y dejamos  algo de dinero para la compra de un par de balones. Sergio se quedó con referencias de la misma a fin de que de regreso a España contactar con ellos y poder seguir ayudándoles. Sergio es  así, quizá no eche una mano a las Ongs  al uso, pero yo  soy testigo de su generosidad  in situ, viendo las necesidades. Si  se convence de lo que le proponen,  su ayuda no faltará.

Pero lo mejor estaba por venir, Oumar nos llevo a lo que sería una de las mejores experiencias del viaje.


El Fetichero mayor
El poblado al que llegamos  en si mismo era como tantos otros,  casas  de adobe,  calles  de tierra  polvorienta, abuelos  sentados a la sombra de un árbol, niños y niñas descalzos,  (más niños que niñas  ya que éstas  tienen que ayudar a sus madres  acarreando agua o leña)  jugando con un viejo neumático y  que inmediatamente  dejaron para  seguirnos en comitiva allá  donde fuéramos. Fuimos al grupo de cabañas en las que vivía el Santón  mayor del poblado, allí dormiríamos.

Nos quedamos de piedra al verlo, habíamos visto muchos feticheros en distintos países pero éste vestía tal y como se lo imagina uno desde Europa, es decir  con taparrabos y algún amuleto colgando de su cuello por toda vestidura. Luego vimos mas  y es que el poblado estaba dividido en  cinco zonas  a pesar de ser  muy pequeño y en cada una de ellas había un fetichero propio, pero éste era el  superior de todos ellos.
Con su mujer
 Los vimos andando  por el pueblo hablando con las personas digamos normal, eran  sus sacerdotes, sus  curanderos además de las personas a las que se acude pidiendo consejo antes de tomar cualquier decisión importante en la vida ya fuera  la decisión de irse a  trabajar a las minas como la fecha propicia para casarse. Fuimos testigos a lo largo de la noche de cómo preparaba una pasta con algunas sustancias molidas que tenia ordenadas en unos rústicos estantes y se las hacia tomar al paciente. Previamente habían hecho unos gestos al cielo en lo que parecían ser unas oraciones.

Ahora bien si ellos eran curiosos para nosotros, nosotros también  lo éramos para ellos y lo hacían ver cogiéndose  a nuestro brazo o dándonos la mano –los hombres-  y sonriéndonos continuamente.
El patio familiar
 Visitamos el poblado y fuimos a lo que era un santuario para ellos, el sitio  donde  estaban enterrados las personas importantes del poblado y por supuesto  los feticheros.  Era un edificio de barro como todo el pueblo y que apenas sobresalía del suelo, había que descender para llegar a un habitáculo angosto y subterráneo donde  quedaría enterrado nuestro anfitrión cuando muriera.
Altar para sacrificios
 Nos explicó el guía local que era allí donde se reunían  los feticheros, todos juntos, cuando había que dilucidar algo importante para  la comunidad y lo hacían allí  porque era más fuerte la voz de sus antepasados,  de sus ancestros y que estos  les aconsejaban en  la tarea de tomar decisiones que tanto importaban a la comunidad.
Antes de reírte piensa en el parecido que tiene con el conclave de cardenales reunidos en  la capilla Sixtina para  que imbuidos por el Espíritu Santo elijan  al nuevo Papa de Roma.

Volvimos  cuando ya anochecía  al patio formado por las casuchas de barro en una de las cuales dormiríamos nosotros, nos esperaba nuestro anfitrión sentado solemnemente sobre un tronco que hacía de taburete.  Durante  el tiempo que estuvimos  siempre lo vimos ceremoniosamente  sentado en su trono, solo se levantaba para estirar las piernas….  y otra vez  al taburete. Tampoco  es que  hubiera muchos  sitios donde ir pero desde luego  él no  participaba del ajetreo de las mujeres cocinando y los niños  pululando por allí, estaba por encima de todo aquello.
Delante de nosotros y en nuestro honor  se mató una gallina que nos comeríamos mas tarde.

Mientras  la gallina se cocinaba ante nuestros ojos, hablamos con el fetichero gracias al guía local que le traducía a nuestro  guía y éste a nosotros. Supimos  que tenía cuatro mujeres e hijos con todas ellas y que solo una estaba con él y que cada mes se turnaban, eso si la mujer de turno cuidaba de todos los niños fueran suyos o de las otras.
Con el Fetichero mayor
Había por allí más mujeres adultas pero eran hermanas de la esposa del curandero, estaban allí porque así se aseguraban la comida y es que en cualquier religión a la que te asomes, los curas viven mejor que su entorno ya sea en Europa en África o en la Conchinchina.
 También supimos que el puesto de fetichero recaería sobre el hijo que él entendiera estaba más preparado para la importante tarea que realizaba para la comunidad. Una vez decidido cuál de ellos sería empezaba un largo aprendizaje    que duraría hasta el mismo  momento de la muerte de su padre.

Me llevé una sorpresa al saborear la gallina  se parecía en todo a la que comía en el pueblo cuarenta años atrás. No podía ser de otra forma, se había cocinado con leña, en una cazuela y sin más aditamentos que la propia gallina y sus jugos. Mi primer bocado fue con el diente alzado para no hacer el feo, pero después de constatar el sabor  me lancé a por un muslo que quedaba. Comimos los hombres y entre nosotros, los guias y el santón no quedó nada para las mujeres. Otra vez será.


Cuerpo de baile
Todavía  nos quedaba una sorpresa mas  antes de meternos en la choza y es que aparecieron por allí cuatro hombres que nos hicieron una de las danzas que ellos usan en alguno de sus rituales. Iban con  colgantes y  taparrabos  del que sobresalía un falo de madera del que tiraban para regocijo de las mujeres. Su baile no ganaría  concurso alguno pero eran vistosos y aunque sus  movimientos sexuales  eran burdos y  bastos   gustaba a las mujeres  y los niños que reían divertidos.


Sin comentarios
 El guía local nos dijo que antes de ir allí a hacernos el numerito habían sacrificado una gallina a sus dioses a fin de pedir permiso para hacer su baile fuera de lo habitual. Ni que decir que se les ofreció cerveza y que acabé bailando con ellos tratando de imitarles. Salí airoso entre las risas de los presentes.

A la mañana siguiente nos despertamos con el sol, los burros, los gallos y las gallinas que quedaban y es que  entre sacrificios y banquetes  se van a quedar en peligro de extinción.  Sea como fuera, salimos de la choza en la que dormimos como en latas de sardina –siempre  salen las sardinas-  y es que era tan pequeña   que si uno se daba la vuelta  casi era obligatorio que lo hicieran los otros dos.

Con un poco de agua que cada uno se agenció  como pudo nos lavamos como gatos y nos preparamos nuestro desayuno, es decir  agua caliente, nescafé  leche y galletas. Inmediatamente nos dimos cuenta de cómo nos miraban por lo que  decidimos hacer un desayuno para todos los allí presentes.
Tras el desayuno
 En una cazuela calentamos  bastante agua y vertimos  la leche  el nescafé y el azúcar  que le correspondía y se lo dimos a beber al jefe junto con unas galletas. Le di al jefe las galletas para que las repartiera  pero pronto vi que le gustaban demasiado y que se las estaba comiendo una tras otra sin reparar en los demás.
 (Cómo no le iban a encantar unas galletas del sabor que fuera si lo único que comía cada día eran tres veces al día  unas gachas de dios sabe qué cosas)

Le quité las galletas de la mano y decidí  repartirlas yo mismo. En un pis pas  desapareció nuestro desayuno de una semana.  Era un placer ver a los  niños mojando sus galletas  en el café con leche improvisado, seguramente  comieron  el mejor desayuno de toda su vida. De cuando en cuando le daba una galleta extra al jefe que me miraba suplicante y cómo no a las dos o tres mujeres que por allí había.

Fue una experiencia preciosa, le dejamos una propina a la comunidad –o sea, al jefe- por todo cuanto había hecho con nosotros y nos fuimos sabiendo que el listón estaba muy alto  y que sería muy difícil superarlo.

Dejábamos atrás el norte  de Benín, lo que ellos llaman el Donga y Atakora , la zona mas alejada de la costa y por tanto de la riqueza que el mar da, no solo económica sino social.
Natitingou, en su día el núcleo poblacional mas importante de la zona en la distribución administrativa de los colonizadores, había ido perdiendo fuerza lo que implicaba un despoblamiento en general y una ausencia absoluta de gasto comunal en la zona.  Tanto los Soma como los Taneka y tantos otros  que habrá, apenas conocían dos pueblos mas allá del suyo y tal vez y con suerte, alguno  en su vida fueran  a la ciudad o caían en la semiesclavitud de las minas.  Si te sales de  la carretera cremallera que cruza el país  de norte a sur , en  apenas un par de horas de polvorientas pistas podrás ver las comunidades antes descritas, viven aisladas yo creo que en su entendimiento felices, pobres pero felices  y  apenas saben de la existencia del resto del país,  a los europeos que por allí vamos nos interesa. No sé si a ellos también.


.-CAMINO DE  ABOMEY

Una vez mas en la carretera,  son muchos los km que nos quedan por delante, hoy dormiremos en Abomey la que fuera capital del país y en la que se suceden hasta al parecer doce palacios reales, tantos como soberanos hubieron, ni que decir que de los palacios solo queda el nombre, destaca en la ciudad la estatua de dudoso  gusto del último de ellos, el rey Behanzin. Que en actitud desafiante dice que no firmará ningún tratado que impida la liberación del pueblo de Benín, estamos hablando de 1890.


comprando gallinas
Resulta que la ruta que nos lleva hacia el sur  a unos diez km  de Savalou, existe uno de los lugares mas propicios para el encuentro con los ancestros por lo que pararemos para pedir lo que cada uno crea conveniente. Antes nos hemos agenciado tres gallinas en un pequeño pueblo tras un largo regateo y que sacrificaremos (tres gallinas menos, sobre la tierra) a fin de congratularnos con los dioses para que accedan a nuestras peticiones.

 El lugar es entre arboles y de unos cien metros cuadrados. El ritual es individual uno para cada uno de nosotros y exige que nos desnudemos de cintura para arriba y que andemos descalzos, cosa que hacemos.


Lugar de sacrificio de las gallinas
 El  sacerdote con uno de nosotros pegados a él coge la gallina y encima de un montón de restos  de otros sacrificios, la degüella sin llegar a cortarle el cuello y espera a que la sangre caiga, acto seguido la  deja  sobre el suelo  lo que aprovecha para huir acertando a dar tres pasos por la  zona antes de caer muerta.
Instantes después nos hace beber de una pócima que por allí lleva alguien y que escupimos  en tres tandas sobre la sangre derramada por la gallina, la ceremonia sigue clavándose  una estaca de madera sobre el montón de plumas, sangre y  aceite  que allí se ha ido acumulando. Acto seguido nos vamos a otra zona, allí vertemos otro aceite que nos dan sobre otra montañita de medio metro de altura.

En pleno ritual
 Se supone que la petición que haces, si la haces con verdadera fe, se cumplirá.  No puede ser para  menos  y es que sí después de matar una gallina, de beber y escupir un aceite asqueroso, de clavar una estaca sobre  un estercolero, de volver a beber y escupir otro brebaje y todo ello   andando descalzo sobre  un lodazal de sangre y aceite, desnudo de cintura para arriba, si después de todo eso digo,  no se  cumple tu promesa, esos dioses no serian serios.

 Pues bien, los dioses  de Benín cumplieron: Sergio con este ritual ayudó a que su nieto viniera  al mundo sin problemas  y a mí  se me cumple cada día según me dice mi chica. Y se  supone que si tus peticiones se cumplen habrías de volver para con otro sacrificio agradecérselo a los dioses. Ya se verá.
El  lugar es asqueroso como puedes imaginar, a lo largo de miles de sacrificios no solo de gallinas sino también de cabras e incluso bueyes, la sangre derramada ha ido haciendo que cada una de las montañitas formadas –hay varias-  midan casi dos metros, a su vez el aceite y las plumas que tamizan el suelo hacen que el terreno sea resbaladizo y tengas que ir con cuidado para no caer mientras el mosquerizo se adueña de la zona.  
En los aledaños  puedes ver las vísceras de muchos de los animales allí sacrificados, la carne evidentemente se aprovecha. Todo el mundo pasa  por allí tarde o temprano. Al parecer  el lugar tiene fama de que aquel sitio es especial y allí se dirigen las peticiones de gentes de toda clase y condición, desde ministros que anhelan que  no le quiten el sillón hasta el mas mísero habitante que  pide que su hijo  por nacer sea varón.

Nos pasamos  por  las dos calles que Savalou tiene paseables, y vimos el fervor que le tienen a sus dioses, cada tres o cuatro casas había pequeños altares con sus fetiches cubiertos de la posible lluvia, vimos también  un edificio que pretenciosamente se llama palacio y al  que no entramos, nada interesante.
 A comer, concretamente en un sitio que   conocía bien Oumar, recuerdo que  comimos  una carne deliciosa. Ahí descubrió Tomás la piña que estaba de temporada, no dejó de beber zumo de ananás  el resto del viaje.  Y es que Tomas no  llevaba bien  lo de las veinte cervezas de cada día,  por lo que había que parar para comprar zumitos de varios sabores hasta este momento. La comida sirvió para repasar la ceremonia anterior. Dio mucho de sí.

 Nos plantamos en Abomey al caer la tarde, dormiríamos en “Chez  Monique” en un local preparado para bodas y similares y que estaba lleno de imágenes de madera por todos lados.

Y sin casco

Nos dio tiempo a pasear un poco la ciudad que es caótica como tantas otras y vimos la estatua y sentados en una terraza viendo los partidos de futbol que se ponían en unas pantallas gigantes. Eso fue cuando se fue la luz solar porque antes nos dedicamos a ver quien veía la moto más curiosa así pudimos ver motos con hasta cinco personas,  con cabras, con frigoríficos, con armarios etc. y es que son unos virtuosos conduciéndolas. A dormir.


.-PAIS HOLY / PORTONOVO

 Al día siguiente nos íbamos de Abomey, nada interesante nos ofrecía, advertimos una vez mas  cómo , aunque entretenidas, todas las ciudades  eran en esencia la  misma, un caos organizado llamativo por su ajetreo y colorido pero repetido, imagino que ellos dirían lo mismo de las nuestras.
Un mercado Holi
Nos íbamos esta vez hacia la zona del llamado Pais Holi. Hacia Pobe y Saketa  pasando por Ketou.
Te habrás dado cuenta que a cualquier grupo poblacional se le llama país es decir a cualquier etnia con características propias y de cierta dimensión se  la considera  un  país por las guias y por los etnógrafos. Seguramente ninguno de sus componentes será consciente de ser miembro de ningún país, ni falta que les hace,  ellos sencillamente viven con sus  costumbres y sus leyes. Se respeta a cada uno  de ellos, a los  fueros y organización social que se han dado y viven todos juntos en perfecta armonía.

Los Holi tienen por característica mas vistosa  unas escarificaciones muy marcadas en las caras. No nos dejó Oumar acercarnos al corazón de  la zona y es que estaban en pelea continua con sus vecinos de Nigeria e incluso se hablaba de muertos. Según las guias son  gente  muy belicosa y se sabe que han sido antropófagos  hasta al menos 1984. Nos  tuvimos que conformar con un mercado a pie de carretera en el que sacamos unas cuantas fotos representativas y tuvimos ocasión de comer unas ricas lentejas que allí se cocinaban, me recordaron a las que se comen en Fuerteventura. El plato a la brasa de ese día era rata a la espalda. No es broma ahí están las fotos.


Una hermosa rata

Aun nos quedaría una última sorpresa antes de llegar a Porto-Novo y es que de pronto vimos a un montón de gente vestida de blanco que se dirigía hacia un templo. Por supuesto paramos, tuvimos que descalzarnos para poder acceder  a donde se estaba desarrollando el ritual.
 Son los cristianos celestes y se la considera una secta que rivaliza con las religiones tradicionales. Leo que se constituyó en 1947 y que ya tiene diez millones de adeptos por la zona. El Vaticano está temblando.

El caso es que allí había no menos de quinientas personas vestidas de blanco que rezaban, cantaban y bailaban al ritmo de la música. Pedimos permiso para hacer fotos y nos inflamos, incluso los sacerdotes  quisieron   fotografiarse con nosotros. En la ceremonia tuve ocasión de  ver como algún adepto era preso de  espasmos y acto seguido se le hacia un corro entre sus compañeros de religión que le jaleaban de alguna manera aunque en silencio.
Un par de horas más tarde llegamos a Porto-Novo, donde dormiríamos. Hicimos  el consabido paseo por la ciudad que aún conserva algo de su  pasado en forma de edificios decadentes y descascarillados.

Vimos muy animados determinados bares con gentes vestidos  de fiesta, nos dijo Oumar que eran celebraciones de funerales y es que esta sociedad es una de aquéllas que presta mas atención a los muertos que a los vivos, me explico, resulta que es muy posible que a una persona enferma no se la lleve al médico por razones económicas, de abandono   o de comodidad, pero si el difunto muere se volcaran en él, no solo la familia mas cercana sino toda ella , en sentido amplio.
 Había mas de cincuenta personas en cada sarao y  al parecer en ocasiones  se mantenía al difunto en cámaras refrigeradas para dar tiempo a los familiares a llegar al entierro y si no  acude por muy poderosas que sean sus razones ha de mandar dinero para colaborar con los gastos,  sin excusa alguna  aunque tenga que pedir prestado. Caso de no hacerlo se convertirían en apestados entre su familia y eso son palabras mayores en esta sociedad.  Es como una boda  en España, los invitados pagan más que de sobra lo comido.
Un templo extraño
 Las celebraciones mortuorias  duran todo un fin de semana en el bar de turno y se come , se canta y se baila sin parar en un trozo de calle que, si es necesario, se corta al público y queda para uso exclusivo de la familia del difunto.

 Son  ciento  noventa  mil habitantes los que tiene  Porto-Novo según rezan las guias y  la mantienen viva entre el contrabando de gasolina con  Nigeria que está  a apenas  veinte km  y la pesca en  el lago Nokoue, además de la consabida agricultura de subsistencia.
Ni recuerdo como era el lugar  donde dormimos, solo sé que dimos un par de días libres a Ramón el chofer que por allí vivía,  nos fuimos al embarcadero para ir hasta Ganvié al otro lado del lago. Oumar nuestro guía había llegado a un acuerdo  con un barquero que junto a su hijo nos llevarían a nuestro destino. Los europeos normalmente van a Ganvié desde Cotonou  en una excursión de unas horas, nosotros quisimos atravesar el lago de punta a punta, no nos equivocamos.



.-LAGO NOKOUE


Nos acomodamos en una piragua grande uno tras otro y al  agua. Pronto empezamos a  saborear la suavidad de la mañana y la placidez del momento. Nos cruzamos con montón de pescadores que tiraban una y otra vez su red  con la esperanza de que esa vez algún pescado se quedara en la misma. Nos paramos con uno de ellos que era el padre de nuestro  barquero y que iba de regreso a casa con algo de pescado en su barca, según nos dijo cuando tenía suficiente se volvía aunque aun hubiera mucha jornada por delante.

 También vimos cómo varias pequeñas barcas, allí todas son pequeñas por cuestión de calado,  trasportaban materiales de construcción que, según nos dijeron, era para la construcción de una iglesia católica. Imagino que la iglesia luego dirá que es suya y no,  esa iglesia  y todas cuantas se han construido a lo largo de la geografía mundial y a lo largo de la historia no las ha pagado el Vaticano, se han hecho con el esfuerzo de miles de personas aunque eso sí, ya se encargara el Vaticano de asegurarse la titularidad de la misma. Os suena?.

Paramos en una de tantas aldeas aledañas montadas sobre palafitos  que era el poblado natal de nuestro barquero. Visitaríamos su casa. Supimos que cuando el lago crece y lo hace todos los años, el agua inunda las tierras y a la vez que las fertiliza convierte por arte de magia a sus  poblados en Venecia haciendo  que todo el mundo se desplace de casa en casa en pequeñas embarcaciones construidas de los materiales mas inverosímiles. 



 Las casas eran enteramente  de madera y  estaban a mas de un metro del suelo.  Como si fuéramos  políticos en campaña electoral, desde que desembarcamos hasta que llegamos a su casa una nube de chiquillos nos acompañaban a la espera  no de una promesa de trabajo   sino de  algún globo o algún caramelo que siempre llevas encima.  El suelo era fangoso como no podía ser menos en un lugar donde la mitad del año está bajo el agua.
Un lodazal
El caso es que pasamos un buen rato en casa de nuestro barquero, sentados sobre el suelo y bebiendo una especie de orujo del que se sentía muy orgulloso. Por allí pasaron la madre, el hermano, algún  hijo que  como tales estaban arriba mientras que una decena de chiquillos se afanaban por  no perder de vista a los blancos que habían llegado y se arremolinaban en los cuatro peldaños de la escalera.  Supimos que él era un privilegiado  que se ganaba bien la vida y que de sus ocho hijos  la mitad iba a la escuela y la otra mitad trabajaba con él en la pesca o con algún turista despistado que por allí llegaba. No, no se quejaba de su vida.


Biplaza
Reanudamos la navegación hasta  Ganvié que es el poblado mayor de los ribereños que suman  entre todos ellos cuarenta mil personas. El lago tiene unas veintiséis mil  hectáreas (mas o menos veinte seis mil campos de futbol) y forman la población lacustre mayor de toda África.

 Asi todo el pueblo
 Entiéndelo, viven en casas que están sobre el agua, la posibilidad de desplazamiento  a pie es nula y si bien algún poblado  pisa tierra firme algún mes del año, otros como Ganvié que es el más importante, ni siquiera. De hecho tal situación hace que esta gente nunca   camine distancias largas, solo lo que dé  de sí su casa por lo que cuando van a tierra firme tienen un particular andar que hace que sean blanco de las risas de quien los ve y que se cansen en apenas un centenar de metros andados.

Estos pueblos sobre palafitos nacen como consecuencia de la huida de los esclavistas  en el siglo XVIII. Los  que aquí  se refugiaron  escaparon de las fauces de los vendedores de esclavos  y luego, con el devenir del tiempo decidieron quedarse a vivir sobre el agua. Según nos dicen han habido planes para  reubicarlos en otras zonas pero no han querido.  
Ganvié es una población con sus calles dibujadas en el agua, su mercado  se desarrollaba en el agua  en una plaza formada por el hueco que quedaba entre las casas, con las diferentes  iglesias y  sectas   fuertemente impregnadas de animismo  subidas sobre el agua, su escuela en el agua , su ayuntamiento sobre el agua.... No es un pueblo ribereño que por un lado se pisa tierra firme sino que todo él está dentro del lago.
La zona transitable  mas amplia  estaba en  el hotel donde nos alojamos  dos noches y en el que  había una pequeña explanada que no eran mas de doscientos metros cuadrados.

Pasamos un día, el de llegada  ya por la tarde, y el siguiente viendo pasar delante de nosotros a todo tipo de embarcaciones. Cualquier cosa que flote es susceptible de ser utilizado como barca, habían niños que se desplazaban en monoplazas construidos con un par de garrafas, y habían igualmente barcazas  de reparto en las que había una persona y detrás montón de género a vender. Fue un día maravilloso el que pasamos allí sin nada que hacer sino  beber cerveza esperar la comida y la cena y vacilando con los niños que pasaban camino de la escuela y a los que dimos cuanto nos quedaba del material escolar que siempre se lleva  a estos países. Las fotos que sacamos son bonitas.


.-COTONOU / OUIDAH

En un barco correo, nos llevaron hasta tierra firme, donde nos esperaba el chofer que había tenido tiempo de ir a ver a su mujer un par de días. Tuvimos bronca porque nos dijo que había que echar gasolina. El combustible siempre corre por cuenta nuestra, es mejor,  se evitan  malentendidos acerca de si ir por un lado u otro y ellos nunca se atreven a hacerte un presupuesto con gasolina incluida.
El caso es que nosotros ya calculábamos el gasto por este concepto, tantos km tantos litros y ni de lejos habíamos apurado el depósito tal y como  nos decía. Se lo dijimos por activa y por pasiva y aunque Oumar no quería creernos porque confiaba plenamente en el chofer,  eran evidentes los argumentos. Lo que quedó de viaje las reacciones con el chofer desaparecieron y Oumar no sabía cómo pedirnos disculpas. Eso si,   ji  ji  ja  ja, acabamos llenando una vez mas el depósito. Todavía se estará riendo el chofer de los  euros que nos sisó.

 Pasamos el día en Cotonou, que según leo en las guias tiene oficialmente ochocientos mil habitantes y al parecer  brinca de los tres millones y creciendo. Sin ser la capital,  es la que mantiene el ritmo económico y alberga a la administración salvo a la asamblea nacional que está en Porto Novo.

mercado de amuletos y fetiches
Lo más interesante del día estaba en el mercado, en el gran mercado de Danktopa,  pudimos ver  amuletos, fetiches objetos para la magia negra que ellos practican,  para el vudú. Allí había cabezas  y manos de  monos, de ratas, de perros, de  serpientes, de pájaros,  de murciélagos, de camaleones… Eran puestos y puestos de mercancía de este tipo, todos seguidos, metros y metros de exposición. Generalmente hacíamos fotografías de tapadillo pero esta vez dimos una propina para poder hacerlas a gusto. Mereció la pena.
Supimos que cada animal se utiliza para distintos tipos de ceremonia y que el ritual varía según la ocasión. En la ceremonia el animal ocupaba un puesto importante y antes de acabar en el fuego se bailaba  invocando  a sus  ancestros  en busca de su ayuda.


No hicimos nada  en la tarde salvo darnos una vuelta por la lengua que hay entre la laguna y el mar. Están tratando de montar algún resort para turistas a los que ofrecen un espectáculo de bailes del país. Nada interesante, regresamos al hotel y nos quedamos en una terraza al lado viendo pasar a la gente  y las horas siempre con una cerveza al lado paliando en lo que se podía, el calor de cada día. 

El viaje iba llegando  al final pero antes nos quedaba pasar por la Ouidah que no era poco.

Esta ciudad de veinticinco mil habitantes según rezan las guias apacible según  vimos y sin nada que reseñar en lo arquitectónico,  tiene dos razones  por las que es obligatorio hacer un alto en el camino. Una de ellas es que hoy por hoy es uno de los centros mas importantes del vudú en el país  que es tanto como decir en esta zona de África. La otra es que fue testigo de cómo embarcaban dos de los trece millones de esclavos que partieron para América en la trata de esclavos  siglos atrás, pero  vayamos por partes.
 
 Paseamos por la ciudad buscando algo parecido a alguna ceremonia de vudú  que echarnos a la boca, nos dimos de bruces con un pequeño museo, el templo de las serpientes pitones y es que en la Ouidah una de las etnias que allí habitan tienen a estas serpientes por representantes de sus dioses y cada cierto tiempo las pitones se sueltan por la ciudad   para después con la ayuda de los habitantes cogerlas –las que no se han ido, entiendo yo- y devolverlas a su refugio-templo. Nos permitió la experiencia ponernos una pitan al cuello a modo de bufanda y dado que el cuello es una parte caliente del cuerpo no querían desasirse. No quiero pensar si se ponen en otro sitio.

Yo rezo, Sergio bebe.....
El tipo que nos cobró por entrar anduvo listo y nos llevo a una casa donde sabía se iba a celebrar  una ceremonia de vudú. Acostumbrado como estaba a turistas nos tomó el pelo con  el dinero y es que  de lo que le entregamos apenas una decima parte fue a la familia según supimos mas tarde.
El caso es que fuimos a una casa donde había una docena de personas sentadas a la sombra de un pequeño muro y a las que imitamos. Mientras esto hacíamos, un hombre subía y bajaba una gallina a lo largo de las paredes del recinto, no sé si la ceremonia llegaba a la comunión o a la homilía, el caso es que en un momento dado le dio un tajo a la gallina –otra menos-  y de nuevo se daba un paseo por  el recinto, pero esta vez con el cuello del animal regando con sangre las paredes y casi a nosotros. Nosotros estábamos con los ojos como platos, pero el misticismo del momento que para nosotros tenía se fue al carajo cuando de pronto sonó el móvil del sacerdote y sin ningún problema contesto al mismo  a la vez que continuaba desangrándose la gallina.  Hombre, hombre un respeto al espectador.

Un poco más tarde esa misma familia, unas casas mas allá, hicieron otra ceremonia, esta vez era en una habitación a la que no nos dejaron entrar pero si permanecer en la puerta.
 Pudimos ver   cómo alrededor de un pequeño altar se arrodillaban y sacrificaban otra gallina –vete contando- pero esta vez se veía mas fervor en el ritual, tal vez por la importancia de la misma, tal vez por el intimismo del lugar  al ser oscuro y cerrado… Nos sorprendió, poco después ver cómo uno de los señores mayores que por allí había, se sentaba en una pequeña silla y las mujeres se arrodillaban  ante él con devoción inesperada y permanecían  postradas durante un largo rato y luego de una en una se acercaban  a él y le decían unas palabras al oído.
  Como colofón a todo aquello nos dieron algo de beber y comer mientras que las mujeres se afanaban en que los hombres estuvieran contentos,  atendidos. Nos fuimos con la sensación de que habíamos asistido a una ceremonia privada, bien de  recordatorio de algún difunto o de petición a los dioses de algo. Como si de una misa privada se tratara.

 Imagino que cuando hayas visto muchas se parecerán unas  a otras y resultaran aburridas, se parecerán a nuestras misas: la misma obra de teatro cada día, el mismo argumento, los mismos actores, el mismo escenario y sin embargo siempre hay público.

En Ouidah todavía quedaban cosas por ver   y es que sí era una de las zonas en las que el vudú seguía muy vivo,  también tenía el penoso honor de haber sido la puerta por la que desfilaron dos de los casi quince millones de negros que se calcula fueron esclavizados.
 El respeto a quienes fueron arrancados de su tierra para ser llevados cargados de cadenas a América merece recoger el relato de cómo era el proceso. Ouidah lo tiene muy presente. El caso es que esta tierra africana ya había sido castigada  e estos efectos por los faraones egipcios miles de años atrás, y es que si se  es una tierra gafada va jodida.

 A la  avaricia,   desvergüenza y cuantos calificativos  pongamos ahora a los negreros europeos y americanos ( uno de ellos fue el marqués de Comillas  tan admirado hoy día por las obras que en su vejez  hizo  con  el dinero que había logrado con la trata de negros)   hay que sumar la de los  reyezuelos que hacían rafias entre  su pueblo  para venderlos a los traficantes.
Puerta de no retorno

Cualquier problema  como  robo, adulterio, imagino que insultos a la autoridad…  que se tuviese  con el poder  instituido se pagaba con la esclavitud en tierras lejanas. Los  prisioneros  conseguidos de las continuas guerras existentes en la zona,  las razias que se hacían en el interior del país  (acordaos de cómo se había fundado Ganvié)  acababan al otro lado del atlántico.

El proceso más  o menos consistía en que barcos cargados  de  bisutería barata, alcohol  y armas procedentes de Europa desembarcaban  con sus productos en determinados puntos de la costa de África, allí los intercambiaban por  esclavos que hacinados  llegaban a América para ser vendidos a las haciendas como mano de obra barata, esos mismos barcos con oro, plata y artículos exóticos de todo tipo recalaban en Europa y vuelta a empezar. Eso sí,  las conciencias tranquilas: se estaba  bajo el amparo de la iglesia católica apostólica y romana.

En la Ouidah pudimos ver el proceso por el que pasaban los desgraciados antes de embarcarse.  De las cárceles en las que estaban pasaban a la plaza de Chacha,  a unos cuatro km de la playa,  allí  eran marcados a fuego  y vendidos por lotes   en subasta a los traficantes.
Aqyi empezaba el proceso
 Después eran llevados al Árbol del Olvido al que en medio de un ritual dirigido por  los chamanes del lugar (la iglesia sea la que sea siempre está al lado del poder), daban nueve vueltas los hombres y siete las mujeres con el fin de olvidar su pasado y entender que empezaban una nueva vida. Aun no sabían  lo que de verdad  les esperaba.
 Cien metros más adelante eran encerrados durante semanas a la espera del barco.  Era un aperitivo  ya que permanecían en las mismas condiciones que las que  encontrarían una vez en  alta mar, es decir sin luz alguna,  hacinados sin posibilidad de moverse, sin apenas comida… No eran pocos los que morían sin tan siquiera subirse a bordo. Los que habían sobrevivido a todo aquello aun darían tres vueltas a otro árbol sagrado, el Árbol del Retorno,  lo que les garantizaba que su espíritu por mucho que  ellos viajaran  volvería al país de sus ancestros.

Hoy existe en la playa auspiciada por la Unesco  una puerta, la Puerta de No-Retorno, en el lugar por el que desaparecieron dos millones de personas camino de la esclavitud.
Hicimos los cuatro km a pie en condiciones mejores que aquellos desgraciados, paramos por el camino en cada uno de los emplazamientos en los que se encontraban los lugares y arboles mencionados y nos fotografiamos, cual  turistas, con la Puerta de No Retorno. 

Daba un poco de repelús saber que pisábamos por donde habían pasado esos dos millones de personas,  protagonistas involuntarios de uno de los mas horrendos crímenes cometidos por el ser humano a lo largo de la historia.

Comimos y bien en uno de los restaurantes que hay a lo largo de los cuatro km y es que aquello ha quedado como ruta turística,   aunque no vimos a ningún blanco salvo al francés dueño del Rte.

Aun  quedaban mas emociones por vivir ese día y es que  en el barrio donde por la mañana vimos el ritual vudú se realizaría otro rito vudú, esta vez colectivo. Nos encontramos  a  muchas de las mujeres  que habíamos visto por la mañana y las vimos bailar  alrededor  de un árbol. Tenían un  aire gnóstico como queriendo entrar, a fuerza de vueltas al árbol, en otra dimensión. Eran jóvenes y no tan jóvenes, solo mujeres.  No pudimos ver en qué acababa todo aquello y es que habíamos sido  fuertemente advertidos que no debíamos hacer foto alguna, pues bien, un par de gilipollas franceses que  también estaban avisados no hicieron caso alguno por lo que los bailantes se fueron con la música a otra parte,  o simplemente a sus casas.

A cenar y  a dormir.

Al día siguiente fuimos camino de Togo,  aun quedaba tres días en África, esperábamos llegar y subir por el país buscando una comunidad  más,  como las vistas   en el pueblo Taneka o Holy o Somba, pero el cansancio iba haciendo mella, el resto nos vino dado y es que nos comimos un  monumental atasco por lo que decidimos quedarnos en Benín una  noche mas , concretamente en   Grand Popo prácticamente en Togo, dormimos en  lo que se parecía a u  complejo hotelero, pero africano es decir con apenas unas habitaciones, mas bien sobrias  y frente a una infinita playa.

 Nos encontramos allí  con unos españoles que iban haciendo la ruta al revés empezando por Togo y siguiendo por Benín, era un viaje al uso, convencional, de llegar ver  y hacerse la foto, no  dormirían sino en hoteles y no contribuirían a  la cría de gallinas ni a la industria de latas de sardinas. Era otro viaje, nada que ver con el que Sergio nos había preparado.
Ahora que escribo este relato mas de un año después y recuerdo cada experiencia vivida , gozada y también, por qué no , sufrida mas agradezco a mi amigo Sergio que me dejara acompañarle. Gracias Sergio.


                        TOGO.-

Pasar la frontera  fue una odisea, el caso es que los visados obtenidos  en Madrid para Togo eran para dos  días en claro error de logística que cometimos Sergio y yo en  el consulado de Francia. En Madrid habíamos pagado unos treinta euros  por barba  y era lo mismo para un día que para treinta, el caso es que el gendarme nos obligó  a sacar otro visado porque llegamos antes de tiempo a la frontera y no daba para los tres días que esperábamos estar allí. De los tres días pasamos uno en la comisaría para que nos dieran un nuevo visado tras lo cual decidimos dejar pasar los dos días restantes en el hotel Galeón, un agradable lugar  en el que había música en vivo por la noche.
Nuestro ultimo hotel
Despedimos al buen guía que fue Oumar, prometiendo vernos en alguna otra  ocasión aunque era realmente difícil de cumplir. Hizo bien su trabajo. Del chofer ni me despedí no solo había sido un mojón durante el viaje sin aportar nada interesante sino que encima nos había chuleado  con la gasolina. Un tonto jodelistos que dirían en mi pueblo. 

Un día en el hotel vale, pero eran dos los que había que estar por cuanto el avión salía al día siguiente a las doce de la noche, Sergio y yo nos fuimos a la playa que estaba frente al hotel y nos turnamos para  bañarnos y guardar la ropa y es que en cuanto llegamos no dejo de llegar gente que tarde o temprano  acababa pidiéndonos dinero  aunque antes nos hubiera dicho sesenta veces que solo querían conversar.
Vimos cómo los hombres hacían sus necesidades en la misma playa, se acuclillaban , defecaban y tapaban con arena el regalito, doy por hecho  que a cada marea quedaba al descubierto, pero es el cuarto de baño mas sano al que pueden acceder , en las casas no hay y los comunitarios imagino como estarán.

Tuvimos ocasión de ayudar a unas gentes que andaban pescando. Desde muy temprano se había tirado una gran red en el mar por mediación de pequeñas barcas, ahora los pescadores desde la orilla y solo con la fuerza de sus brazos tiraban de ella. Me uní a ellos  tirando de la malla hasta que media hora después vimos la captura, allí no había más de  veinte kilos de pescado que habría que repartir.  Hicieron el gesto de darme una parte , cosa que denegué  y agradecí con una  sonrisa.

En la playa habían cantidad de conchas blancas que fui cogiendo lo que supuso que una nube de gente me las ofreciera con el objetivo de obtener  algo, era imposible quitárselos del medio. Hoy lucen en mi cuarto de baño. No son compradas en un centro comercial , las cogí yo en la playa de Lomé la capital de Togo.

Lo del día siguiente fue peor, era el último día y  decidí irme al centro para matar la mañana. Como toda ciudad africana el centro es un mar de puestos de venta que ocupan toda la  calle hasta hacerte caminar en fila india entre ellos. Vi una iglesia y allí me metí, se estaba bien y además fresquito, había un par de blancos    allí  como yo, no para rezar sino para descansar, para que luego digan que la iglesia  no sirve para nada.
No me sentía con fuerza para volver otra vez por el mercado por  lo que decidí volver  los cinco km por la playa. Vi  como unos mozalbetes se dirigían a mí, eran tan ingenuos que ni siquiera disimulaban que  venían a robarme, tiré las conchas que había recogido y a  la vez que uno de ellos alargaba la mano hacia mi mochila yo hacia lo que mejor se hacer en estas ocasiones, correr. Noté cómo una mano rozaba mi pantorrilla, cuando se quiso levantar yo  estaba  a no menos de cien km de allí. Ya en la carretera tomé una moto taxi y me fui al hotel. Era la primera vez que pretendían atracarme en toda mi vida.

A las nueve  de la noche nos fuimos al aeropuerto, nos quedaban dieciséis horas de viaje con un par de escalas incluidas.  Llegamos temprano al aeropuerto, no había nadie todavía , pero  si tiempo para que los guardias nos vacilaran y nos presionaran para su mordida. Si hubiéramos llegado mas tarde y con el barullo y prisas de la compañía aérea habríamos escapado, pero estábamos cansados y ya nos daba todo igual. La pagamos.

Tenía ganas de llegar a España y ver a mi novia, a mi  familia, a mis amigos, descansar y coger fuerzas para el próximo viaje. Ya lo tenía pensado seria Madagascar.




 Puerto del Rosario  3 de marzo de 2013.